Puente la Reina / Gares
Donde los Caminos se hacen uno
Puente la Reina / Gares
Donde los Caminos se hacen uno
En el corazón de Navarra, junto al río Arga, Puente la Reina / Gares es uno de los lugares más simbólicos del Camino de Santiago. Aquí confluyen las rutas procedentes de Roncesvalles y Somport, que desde la Edad Media continúan unidas hacia Compostela.
El propio trazado de la villa refleja esta identidad jacobea. Las calles Crucifijo y Mayor forman un largo eje que atraviesa la población de este a oeste y conduce al peregrino hasta el gran puente medieval que da nombre a la localidad.
Puente la Reina / Gares nació y creció alrededor del Camino. Sus iglesias, hospitales, conventos, casas palaciegas y espacios comerciales acompañan un recorrido urbano concebido históricamente para acoger a caminantes llegados de diferentes lugares de Europa.
Una villa nacida junto al puente
A finales del siglo XI se estableció en este lugar una comunidad de francos vinculada al tránsito de peregrinos y comerciantes. En 1122, Alfonso I el Batallador concedió a sus habitantes el Fuero de Estella, favoreciendo el desarrollo de una villa organizada junto al río y al Camino.
La tradición atribuye la construcción del puente a una reina de Navarra —doña Mayor, esposa de Sancho el Mayor, o doña Estefanía, esposa de García Sánchez III— que habría querido facilitar el paso de los peregrinos sobre el Arga.
La nueva población prosperó gracias a su posición estratégica. Mercados, ferias, talleres, alojamientos y establecimientos de asistencia convirtieron a Puente la Reina / Gares en uno de los principales centros comerciales y jacobeos de la Navarra medieval.
Puente la Reina y el Camino de Santiago
El Liber Sancti Iacobi ya señala a Pons Reginae como el lugar en el que se unen los caminos procedentes de Francia.
Desde Roncesvalles llegan los peregrinos que han cruzado los Pirineos por el puerto de Ibañeta. Desde Somport lo hacen quienes han seguido el Camino Aragonés a través de Jaca, Sangüesa y el valle de Izarbe. A partir de Puente la Reina, ambos itinerarios avanzan como una sola ruta hacia Estella, Logroño y Santiago de Compostela.
Esta confluencia convierte la localidad en un verdadero punto de encuentro. Durante siglos, personas de diferentes lenguas, culturas y procedencias han compartido aquí camino, hospitalidad y experiencias.
El puente sobre el Arga
El gran puente románico es el principal emblema de la villa y uno de los ejemplos más destacados de arquitectura civil medieval del Camino de Santiago.
Construido en el siglo XI, presenta una elegante sucesión de arcos de medio punto sobre el río Arga. Su longitud, sus tajamares y los pequeños aliviaderos abiertos entre los arcos permitían resistir las crecidas y garantizar el paso de los peregrinos.
Originalmente contó con tres torres defensivas. En la torre central se veneraba una imagen de la Virgen del Puy, conocida popularmente como la Virgen del Txori.
La leyenda cuenta que un pequeño pájaro —txori en euskera— acudía hasta la imagen para retirar las telarañas y lavar su rostro con agua recogida del río. Cada vez que aparecía, las campanas repicaban y la villa celebraba el acontecimiento.
La imagen se conserva actualmente en la iglesia de San Pedro.
Una calle construida para peregrinar
La Rúa Mayor es la columna vertebral de Puente la Reina / Gares. El Camino la recorre por completo, desde la iglesia del Crucifijo hasta el puente medieval.
A ambos lados se levantan casas con portadas medievales y renacentistas, fachadas barrocas, antiguos palacios y establecimientos vinculados históricamente a la vida comercial de la villa.
Las calles paralelas se comunican mediante estrechos pasos denominados belenas, que conservan la atmósfera del antiguo urbanismo medieval. El conjunto muestra con especial claridad cómo las localidades jacobeas fueron creciendo alrededor de una calle principal concebida como espacio de tránsito, encuentro y actividad económica.
La iglesia del Crucifijo
La iglesia del Crucifijo recibe al peregrino a la entrada oriental de la localidad. Su origen se remonta a finales del siglo XII y se vincula tradicionalmente con los templarios y, posteriormente, con la Orden de San Juan.
El templo está formado por dos naves: una románica y otra gótica. En su interior se conserva un singular crucificado del siglo XIV sobre una cruz en forma de “Y” o pata de oca, probablemente procedente de la región alemana de Renania.
La iglesia se encuentra unida mediante un arco al antiguo convento y hospital de peregrinos, actual Colegio Seminario de los Padres Reparadores. Este enclave mantiene viva la memoria de la acogida y fue el espacio elegido para desarrollar la intervención de Idoia Cuesta dentro de Trazas Vivas.
La iglesia de Santiago
En plena Rúa Mayor se alza la iglesia de Santiago el Mayor, principal templo de la localidad.
La construcción medieval fue profundamente ampliada durante los siglos XVI y XVII, aunque conserva sus portadas románicas. La más monumental presenta varias arquivoltas profusamente decoradas y un característico arco polilobulado.
En el interior se venera una talla gótica del Apóstol conocida como Santiago Beltza, el Santiago negro, denominación relacionada con el tono oscuro que presentó la imagen antes de su restauración.
Su presencia en el centro de la villa recuerda la profunda vinculación de Puente la Reina / Gares con la peregrinación compostelana.
En Puente la Reina / Gares, los caminos procedentes de Roncesvalles y Somport se hacen uno. La Rúa Mayor y el puente sobre el Arga convierten la villa en uno de los grandes símbolos del Camino de Santiago.
Patrimonio, hospitalidad y vida cotidiana
El patrimonio local se completa con la iglesia de San Pedro, el convento de los Trinitarios, el convento de las Comendadoras del Sancti Spiritus, la Casa del Vínculo, la plaza Julián Mena y diferentes restos de las antiguas murallas.
Pero la identidad jacobea de Puente la Reina / Gares no reside únicamente en sus monumentos. Se encuentra también en el tránsito cotidiano de peregrinos, en sus albergues, comercios y terrazas, y en una comunidad acostumbrada desde hace siglos a recibir personas procedentes de todo el mundo.
Aquí el Camino es puente en sentido literal y simbólico: une orillas, rutas, culturas y experiencias antes de continuar hacia Santiago.
INTERVENCIÓN
Puente la Reina / Gares: un refugio tejido entre muchas manos
En Puente la Reina / Gares, Idoia Cuesta ha desarrollado “Eguzkilore aterpea”, una gran pieza colectiva realizada con mimbre y construida mediante técnicas tradicionales de tejido vegetal aplicadas al arte contemporáneo.
El título de la intervención puede traducirse como “refugio del eguzkilore”. El eguzkilore, la flor del sol, es un símbolo protector profundamente arraigado en la cultura vasca. Tradicionalmente se colocaba en las puertas de las casas para proteger a quienes vivían en ellas.
La obra recupera ese significado para crear un espacio de cobijo, encuentro y protección en uno de los enclaves más simbólicos del Camino de Santiago a su paso por Puente la Reina.
Durante cinco jornadas abiertas a la participación, vecinos, peregrinos, visitantes y colaboradores fueron entrelazando el mimbre hasta levantar una estructura orgánica de gran formato. Cada rama incorporada a la pieza dejó la huella de una persona y de un momento compartido.
La técnica del nido
La intervención se construyó mediante una técnica conocida como tejido al azar o técnica nido, uno de los procedimientos más característicos del trabajo de Idoia Cuesta.
Este método se inspira en la manera en que las aves levantan sus refugios. Los materiales se cruzan, se apoyan y se tensan aparentemente sin un orden rígido, pero terminan formando estructuras resistentes, envolventes y perfectamente adaptadas al entorno.
La técnica permite que personas sin experiencia previa en cestería puedan participar en el proceso. La artista guía el trabajo, muestra cómo manipular el material y establece las líneas generales de la pieza, pero la forma definitiva surge de la suma de numerosos gestos individuales.
El resultado conserva una apariencia espontánea y orgánica. La estructura parece crecer directamente del paisaje, como si fuese un gran nido, una envolvente vegetal o un refugio construido por la propia naturaleza.
Cinco días de creación compartida
La construcción de “Eguzkilore aterpea” se desarrolló del 13 al 17 de julio frente a la iglesia del Crucifijo, en el entorno del Colegio Seminario de los Padres Reparadores.
Durante esos días, decenas de personas se acercaron a conocer la intervención y a colaborar en ella. Algunas participaron durante varias jornadas; otras se incorporaron de manera espontánea mientras recorrían el Camino o visitaban la localidad.
Vecinos y vecinas de Puente la Reina / Gares trabajaron junto a peregrinos procedentes de distintos países, generando un espacio de conversación, aprendizaje y cooperación alrededor del mimbre.
La construcción fue creciendo paulatinamente. Cada nueva aportación modificaba la forma de la pieza y reforzaba al mismo tiempo la estructura común. El trabajo colectivo convirtió la creación artística en una experiencia accesible, abierta y compartida.
Un enclave unido a la acogida
La obra se levantó frente a la iglesia del Crucifijo, uno de los conjuntos históricos y jacobeos más significativos de Puente la Reina / Gares.
La elección del lugar refuerza el significado de la intervención. El Camino ha sido históricamente un espacio de tránsito, acogida y protección para personas procedentes de lugares muy diferentes. La idea de refugio presente en “Eguzkilore aterpea” dialoga directamente con esa tradición de hospitalidad.
El Colegio Seminario de los Padres Reparadores colaboró de manera decisiva en el desarrollo del proyecto, facilitando sus instalaciones para recibir y custodiar los materiales y para apoyar los trabajos de preparación y construcción.
La cercanía de la pieza al paso de los peregrinos favoreció además numerosos encuentros imprevistos. Quienes atravesaban la localidad se detenían para observar, preguntar y, en muchos casos, participar directamente en el tejido.
Una obra que activa el espacio público
“Eguzkilore aterpea” no fue concebida únicamente como una escultura para ser contemplada. La pieza funciona también como un espacio de relación con el paisaje y con las personas.
Su forma envolvente recuerda a un refugio natural. El mimbre genera transparencias, sombras y diferentes perspectivas que cambian según el lugar desde el que se observa. La obra invita a rodearla, acercarse y reconocer en ella los gestos de quienes participaron en su construcción.
La intervención conecta también con los principios del diseño biofílico y del paisajismo sostenible, que buscan incorporar formas, materiales y procesos naturales a los espacios habitados.
El uso de fibras vegetales, la construcción manual y la integración de la pieza en el entorno muestran cómo los conocimientos artesanales pueden ofrecer nuevas respuestas a la creación contemporánea y a nuestra relación con el territorio.
El arte como lugar de encuentro
La jornada final dejó uno de los momentos más especiales de la intervención. Un grupo de bailarines y personas vinculadas al proyecto improvisó una acción alrededor de la pieza recién terminada.
El movimiento, la música, la arquitectura vegetal y el paisaje se unieron durante unos minutos en una celebración espontánea. La escena sintetizó el espíritu de Trazas Vivas: crear situaciones en las que el arte facilite el encuentro y permita que personas de diferentes procedencias compartan una experiencia común.
La obra final permanece como una huella visible del proceso, pero su significado se encuentra también en las conversaciones, los aprendizajes y las relaciones surgidas durante los cinco días de trabajo.
“Eguzkilore aterpea” demuestra que una pieza artística puede construirse entre muchas manos y convertirse, al mismo tiempo, en refugio, símbolo y memoria de una comunidad.