Villanúa
Un pueblo pirenaico en el Camino Aragonés
Villanúa
Un pueblo pirenaico en el Camino Aragonés
A los pies del macizo de Collarada y atravesada por el río Aragón, Villanúa ocupa uno de los enclaves más singulares del Camino de Santiago Francés en su tramo aragonés. El itinerario que desciende desde el puerto de Somport encuentra aquí un amplio valle rodeado de montañas, bosques y formaciones calizas.
La historia del municipio está profundamente ligada a su posición como lugar de paso a través de los Pirineos. Antes de los peregrinos medievales, estas tierras fueron recorridas por comunidades prehistóricas, viajeros romanos, comerciantes y pobladores procedentes de ambas vertientes de la cordillera.
Hoy, Villanúa combina la memoria del antiguo Camino con un paisaje de alta montaña, un casco tradicional y un extraordinario patrimonio subterráneo representado por la Cueva de las Güixas.
Un territorio habitado desde la Prehistoria
Los primeros testimonios de presencia humana en Villanúa se remontan al Neolítico y a la Edad del Bronce.
Las numerosas cuevas y abrigos naturales abiertos en la roca caliza sirvieron como refugio, espacio de habitación y lugar de enterramiento colectivo. En la Cueva de las Güixas se han encontrado restos cerámicos, objetos de uso cotidiano y un fragmento de molino de cereal que revelan una ocupación prolongada del territorio.
Los dólmenes conservados en los alrededores confirman también la importancia de este corredor pirenaico desde tiempos muy antiguos.
La relación entre las personas y las cuevas no terminó en la Prehistoria. A lo largo de los siglos, estas cavidades fueron utilizadas como refugio y quedaron asociadas a relatos populares, conflictos históricos y leyendas de brujas y sanadoras.
De la vía romana al Camino de Santiago
La ubicación de Villanúa en el valle del Aragón convirtió este territorio en un corredor natural para cruzar los Pirineos.
Por sus proximidades discurría la vía romana vinculada al Summus Portus, el paso que comunicaba ambas vertientes de la cordillera a través del actual puerto de Somport. Restos de monedas, cerámicas y otros materiales confirman el tránsito y la ocupación de la zona durante la época romana.
Siglos después, parte de este recorrido fue aprovechado por el Camino de Santiago. Los peregrinos procedentes de Francia atravesaban Somport, descendían hacia Canfranc y Villanúa y continuaban después en dirección a Jaca.
Esta continuidad histórica convierte el Camino Aragonés en mucho más que una ruta medieval: es la heredera de una antigua vía de comunicación entre pueblos, culturas y territorios.
La fundación de la villa medieval
Villanúa nació como una villa vinculada a la reorganización del territorio pirenaico y a la protección de las comunicaciones.
Las primeras referencias documentales fiables se sitúan en el siglo XI. La población fue impulsada por los monarcas aragoneses para concentrar habitantes en el fondo del valle, asegurar el paso del Camino y limitar el poder del cercano señorío de Aruej.
La villa fue poblada, entre otros, por personas procedentes del Bearne francés. La tradición sostiene que algunos apellidos de origen bearnés se han conservado entre las familias de la localidad.
En 1097, Villanúa fue entregada al monasterio de Santa Cruz de la Serós. Posteriormente pasó por diferentes señoríos, aunque mantuvo durante largos periodos su vinculación con el patrimonio real.
Su nombre aparece históricamente bajo distintas formas —Vilanúa, Villanova, Villa Nueva o Villanuga— relacionadas con la idea de una población nueva levantada frente al antiguo núcleo de Aruej.
Villanúa y el Camino Aragonés
El Camino atraviesa Villanúa siguiendo el valle del río Aragón. Para quienes llegan desde Somport, la localidad representa un lugar de descanso después del descenso pirenaico y antes de continuar hacia Castiello de Jaca y Jaca.
El paso de peregrinos favoreció durante siglos la creación de puentes, iglesias, caminos y espacios de acogida. La documentación medieval menciona ya el puente de Villanúa a comienzos del siglo XII, testimonio de la importancia de mantener abiertas y transitables las comunicaciones del valle.
El Camino conserva aquí una relación especialmente estrecha con el paisaje. Montañas, barrancos, bosques, cuevas y praderas acompañan al caminante en un tramo en el que la naturaleza sigue marcando el ritmo de la ruta.
Villanúa forma parte de esa entrada histórica del Camino Francés en la península a través de Aragón, una vía que conecta Somport con Jaca, Sangüesa y Puente la Reina / Gares.
La iglesia de San Esteban
La iglesia parroquial de San Esteban conserva algunos de los principales testimonios artísticos de la localidad.
Aunque el edificio medieval fue profundamente reformado en el siglo XVIII, alberga una talla románica policromada de Nuestra Señora de los Ángeles, considerada una de las imágenes más antiguas de la diócesis de Jaca.
También destaca un retablo dedicado a Santiago peregrino, acompañado por la Virgen del Pilar. Esta presencia del Apóstol recuerda la vinculación histórica del templo y de la comunidad con la ruta jacobea.
La iglesia forma parte de un casco antiguo en el que todavía pueden reconocerse ejemplos de arquitectura tradicional pirenaica, con construcciones adaptadas al clima de montaña y al uso de materiales locales.
La Cueva de las Güixas
La Cueva de las Güixas es uno de los espacios naturales y culturales más conocidos de Villanúa.
Se trata de un complejo sistema de galerías formado durante miles de años por la acción del agua sobre la roca caliza. Estalactitas, estalagmitas, columnas y otras formaciones crean un paisaje subterráneo de gran valor geológico.
La cueva reúne naturaleza, arqueología y tradición oral. Fue utilizada por comunidades prehistóricas, sirvió como refugio en diferentes momentos históricos y aparece vinculada a leyendas sobre reuniones de brujas y mujeres conocedoras de prácticas curativas.
En su interior habita además una importante colonia de murciélagos, cuya protección ha contribuido a su inclusión en la Red Natura 2000.
El acceso a las cuevas obliga a recorrer un pequeño tramo del Camino de Santiago, reforzando la conexión entre el patrimonio subterráneo y la ruta jacobea.
Villanúa conserva la memoria de quienes cruzaron los Pirineos antes que nosotros: pobladores prehistóricos, viajeros romanos y peregrinos que descendieron desde Somport siguiendo el valle del Aragón.
Paisaje, memoria y vida contemporánea
Villanúa experimentó importantes transformaciones durante el siglo XX. La construcción del ferrocarril internacional de Canfranc, las obras forestales e hidráulicas, la emigración y el posterior desarrollo del turismo modificaron su economía y su forma de vida.
Actualmente es un municipio que combina población permanente, actividad turística y una intensa relación con la montaña. La recuperación de fotografías, testimonios y archivos familiares ha permitido conservar la memoria de las labores del campo, las celebraciones, los oficios, las cuevas y la vida cotidiana de generaciones anteriores.
El Camino de Santiago forma parte de esa memoria y continúa conectando a Villanúa con viajeros procedentes de numerosos lugares. Entre el macizo de Collarada y el río Aragón, la localidad sigue siendo un lugar de paso, acogida y encuentro en uno de los paisajes más espectaculares del Camino Francés.
INTERVENCIÓN
Villanúa: una intervención en proceso
En Trazas Vivas, Eugenio Ampudia desarrollará su intervención en Villanúa, municipio situado en el Pirineo aragonés y estrechamente vinculado al Camino de Santiago Francés a través de su ramal aragonés.
La propuesta se encuentra actualmente en fase de preparación. Su planteamiento surgirá del contacto con la comunidad local, del conocimiento del municipio y de la relación entre el paisaje pirenaico, la memoria colectiva y el tránsito de peregrinos.
Fiel a la metodología del artista, el proyecto no se concibe como una pieza cerrada que llega desde fuera, sino como un proceso capaz de adaptarse al lugar y de incorporar las voces, experiencias y capacidades de quienes lo habitan.
La intervención combinará creación contemporánea y participación ciudadana, buscando generar una experiencia que pueda permanecer en la memoria de Villanúa más allá de su materialización artística.
Crear desde la comunidad
La intervención de Villanúa partirá del diálogo con vecinos, asociaciones, agentes culturales y otros participantes vinculados al municipio.
El proceso permitirá identificar relatos, sonidos, espacios y elementos del paisaje que puedan incorporarse a la propuesta. La comunidad no será únicamente destinataria de la obra, sino parte activa de su construcción.
Esta dimensión colaborativa conecta con una de las líneas centrales de Trazas Vivas: utilizar el arte como herramienta para generar encuentros, activar la memoria local y ofrecer nuevas formas de mirar los territorios del Camino.
Un nuevo diálogo con el Camino
Más de quince años después de “Nubes de memoria”, Eugenio Ampudia vuelve a trabajar en el entorno jacobeo.
La intervención de Villanúa permitirá establecer un nuevo diálogo entre su práctica artística y el Camino de Santiago, esta vez desde el paisaje pirenaico y desde una comunidad concreta.
El Camino aparece nuevamente como espacio de tránsito, memoria y transformación. Un territorio en el que confluyen habitantes y viajeros, experiencias locales y miradas procedentes de diferentes lugares.
La futura intervención convertirá esa diversidad en materia para la creación artística y sumará una nueva huella contemporánea al paisaje cultural de Villanúa.